02 abril 2017

abril 02, 2017

Nerón prometía como emperador y no lo hizo mal en sus inicios; sin embargo, acabó sus días odiado por todos y obligado a suicidarse. Realmente, sobre Nerón, nadie se pone de acuerdo sobre si fue un buen o mal emperador. Entre los historiadores antiguos hay quien alaba su labor, mientras hay otros que lo califican de haber sido un monstruo que mató a su propia madre, acusó a los cristianos de haber incendiado Roma y arruinó el tesoro público con la construcción de su grandioso palacio. Lo cierto es que el descontento general provocó que Julio Vindex en las Galias y Servio Galba en la Hispania Tarraconense se sublevaran

Servio Sulpicio Galba 9 de junio de 68 al 15 de enero de 69
7 meses y 6 días en el trono

Marco Salvio Otón 15 de enero al 16 de abril de 69
3 meses y 1 día en el trono

Aulo Vitelio Germánico 17 de abril hasta el 22 de diciembre de 69
8 meses y 5 días en el trono

Tito Flavio Vespasiano 1 de julio de 69 hasta 23 de junio de 79
9 años y 8 días en el trono



Galba

Terracina, 24 de diciembre de 3 a. C. - Roma, 15 de enero de 69

«Si mi muerte es por el bien de Roma, matadme.»
Plutarco.

Nerón fue declarado por el senado como persona non grata obligándole a huir y esconderse. Finalmente le pidió a su esclavo que lo acuchillara, antes de ser capturado y ejecutado públicamente. Vindex declara su lealtad hacia el gobernador de la provincia hispana, aunque su rebelión fracasa y Galba duda, por lo que busca refugio en Clunia, antigua ciudad romana en la provincia de Burgos, hasta que se entera de que Nerón ha muerto y es proclamado emperador por sus tropas. Su camino queda allanado para entrar en Roma como emperador, aunque no las tenía todas consigo, pues muchos eran lo que creían que entraría en la capital conducido en litera debido a su vejez y su dificultad para caminar. Efectivamente, Galba tenía ya 72 años y algunos achaques de salud como ataques de gota.

Galba era viejo, sí, y su aspecto quizás no le daba carisma, precisamente. Plutarco lo describe calvo, algo que estéticamente detestaban los romanos, y con muchas arrugas, «y las manos y los pies tan desfigurados por la gota, que no podía soportar calzado ni sostener», poco menos que una momia viviente. Sin embargo, la vejez, obviamente también le había otorgado el grado de la experiencia. Galba se encontró con una Roma arruinada y puso en marcha de inmediato una política de austeridad que pudiera reactivar la economía. Era costumbre arraigada, dar una gratificación económica a la guardia pretoriana, cada vez que un emperador subía al trono. Esta vez, la guardia se quedó sin sus incentivos y aquí, más que unos defensores personales, se ganó a sus primeros enemigos. Tampoco a la plebe le hizo bendita la gracia los recortes que puso en marcha. En una sociedad acostumbrada a la diversión y al desenfreno, quedarse sin circo y sus habituales luchas macabras de gladiadores era toda una afrenta. El momificado emperador no tardó en ganarse la fama de avaro y tacaño, entre otras cosas, porque él era inmensamente rico.

En enero del 69 las legiones de Germania que se habían mantenido fieles a Nerón y no habían declarado su lealtad a Galba, proclamaron emperador a su general Vitelio. Por su parte Otón, gobernador de Lusitania y amigo de Galba, al cual había apoyado desde el principio, se mantenía al acecho, en espera de más acontecimientos. Y el primero de los acontecimientos de que tuvo noticia fue que Galba, su amigo, del cual había esperado que le devolviera el favor de haberlo apoyado incondicionalmente, había nombrado un sucesor que no era él. No esperó más. Vitelio no debía adelantársele y puso en marcha una conjura. La mañana del 15 de enero, mientras Otón ya había iniciado su marcha hacia la capital, Galba se encontraba en el foro cuando un soldado de la Legio XV Primigenia llamado Camurius desenfundó su espada. Plutarco cuenta que cuando Galba se dio cuenta de sus intenciones ofreció su cuello y dijo: «si mi muerte es por el bien de Roma, matadme.» El soldado no dudó en degollarlo, ante la pasividad de toda su guardia pretoriana. Su sucesor, Lucio Calpurnio Pisón Frugi Liciniano, también fue asesinado tres días más tarde.

Tras ser hallado el cuerpo de Galba abandonado en un lago, y habiendo oído que Otón estaba cercano a la capital, 120 personas se declararon culpables de haber sido ellos los ejecutores esperando ser recompensados por ello. Sin embargo, Otón no presto atención a la lista de ejecutores, que caería meses más tarde en manos de Vitelio y ordenó que fueran todos ellos los ejecutados.



Otón

Ferentium 28 de abril de 32 - Bedriacum 16 de abril de 69

«Es mucho más justo morir uno por todos que todos por uno.» 
Dión Casio, Historia de Roma

De Otón se cuenta que, cuando era joven, era dado al vicio y a vagar por las calles. Suetonio nos cuenta lo siguiente: «Fue, ya desde los primeros años de su adolescencia, tan pródigo y procaz que a menudo su padre le sentaba las costuras a latigazos; se decía incluso que de noche acostumbraba a vagar por las calles y que, cuando se tropezaba con transeúntes débiles o borrachos, los cogía y, echándolos sobre su sayo, les hacía dar volteretas en el aire». Otón se casó con Pompea Sabina y en una fiesta que organizó Nerón, a la cual estaban invitados, éste se la presentó al emperador, que quedó inmediatamente enamorado de ella. En agradecimiento por habérsela presentado, Nerón regaló a Otón una preciosa cornamenta, y después del divorcio, Sabina llegó a ser la emperatriz de Roma. Más tarde, Otón fue nombrado gobernador de la provincia hispana de Lusitania. En realidad se trataba de un exilio para alejarlo de Sabina, porque allí permaneció durante diez años. Las malas lenguas recitaban en Roma versos como el siguiente que nos ha llegado gracias a Suetonio:

«¿Por qué, preguntaréis, va al exilio Otón con un título engañador? Porque llegó a ser el amante de su esposa.»

La oportunidad de vengarse le llegó a Otón cuando Galba se levantó en armas contra Nerón, y por eso le prestó todo su apoyo. Además, como Galba no tenía descendencia, y dada su avanzada edad, tenía la esperanza de ser nombrado su sucesor. Pero el elegido fue Lucio Calpurnio Frugi Liciano y Otón, decepcionado, comenzó su particular conspiración contra Galba, que acabó con el asesinato de éste. Otón fue aclamado emperador inmediatamente después. 

La plebe decía que Otón tenía cierto parecido con Nerón, incluso en su afeminamiento. No dudó éste en adoptar el nombre. Y no solo eso, sino que, a pesar del gasto enorme que supuso la gran obra emprendida por Nerón, la Domus Aurea, Otón se propuso acabarla. La venganza le estaba saliendo redonda: adoptar su nombre y hacerse con su gran palacio. Pero a Otón le había salido un serio competidor allá por Germania, donde las tropas habían aclamado como imperator a su general Vitelio, que ya avanzaba hacia Italia.

Otón preparó un formidable ejército y se dispuso a no permitir la entrada de Vitelio movilizando tropas por tierra y por mar. Vitelio, no obstante, consigue entrar en Italia. En marzo se encontraban en la Vía Postumia en dirección a Cremona y allí tuvo lugar el encuentro entre Otón y Vitelio. La batalla se decantó a favor de los de Vitelio y Otón retira su ejército hacia Bedriacum. A pesar de haber puesto en fuga a Otón, nada había decidido todavía y Vitelio sabía que aún tendría que luchar de nuevo. pues Otón aún disponía de un gran ejército con el que presentar batalla. Sin embargo, tras el devastador informe del combate anterior, la moral del emperador se vino abajo, era mucha, demasiada, la sangre que ya se había derramado entre conciudadanos. Otón reunió a su ejército y les dio un solemne discurso que acabó exclamando: «Es mucho más justo morir uno por todos que todos por uno.» Acto seguido se retiró a su tienda a descansar. Por la mañana lo encontraron muerto; se había suicidado clavándose una daga en el corazón. Cuando fue incinerado, muchos de sus soldados se suicidaron también arrojándose a la hoguera con él.


Vitelio

24 de septiembre de 15 - 22 de diciembre de 69

«El cadáver de un enemigo siempre huele bien, y mejor aún si es un conciudadano.»
Suetonio, Vida de los doce emperadores.

Vitelio tenía 54 años cuando fue proclamado emperador. En su juventud ya estuvo entre los allegados de Tiberio y Calígula y condujo los carros de Claudio y Nerón, con quien jugaba a los dados. Fue nombrado sacerdote, cónsul de África y legatus bajo las órdenes de su hermano Lucio Vitelio. En general, Aulo Vitelio tenía una buena reputación en Roma. Todavía no le conocían de verdad.

De su matrimonio con Petronia nació su hijo Petroniano, a quien le faltaba un ojo. Al parecer cuando fue creciendo, las relaciones entre padre e hijo no fueron demasiado buenas, hasta el punto de llegar a asesinarlo. Su madre lo había declarado su heredero tras morir ésta, y entonces Vitelio lo echó de casa. Poco después apareció muerto y Vitelio hizo creer a todo el mundo que Petroniano había preparado un parricidio, pero que finalmente él mismo había bebido el veneno destinado a su padre. Tras el asesinato se casó con Galeria Fundana con la que tuvo otros dos hijos que acabaría matando también

Fue Galba, quien, en un intento por ayudarlo, ya que Vitelio estaba agobiado por las deudas, lo envió como legatus a Germania Inferior. Allí se ganó el afecto de sus soldados gracias a su carácter campechano y el acercamiento hacia ellos. Habiendo llegado noticias de que en Roma reinaba el descontento con Galba, sus soldados le sacaron de su tienda y lo llevaron al centro del campamento, donde lo aclamaron Imperator y añadieron a su nombre el de Germánico, Augusto y César. Vitelio solo aceptó el de Germánico. A esta rebelión se unieron los ejércitos de Galia, Britania y Recia. No tardaría Vitelio en enterarse del complot de Otón, que se le había adelantado y ya reinaba en Roma tras asesinar a Galba. Entonces dividió su ejército en dos y mandó que una de las divisiones marchara contra Otón.

De camino a Roma y tras ser informado de que Otón había muerto, se acercaron a Bedriacum, lugar donde se produjo la batalla; y como vio que los soldados, ante el hedor de los cadáveres hacían ascos, exlamó:

“El cadáver de un enemigo siempre huele bien, y mejor aún si es un conciudadano.”

Después, se dirigió a la tumba de Otón y allí se burló del difunto en presencia de sus hombres. Finalmente llegó a Roma vestido con sus mejores galas mientras la plebe le miraba recelosa y 19 de abril fue proclamado emperador por el Senado.

Y una vez en el poder, Vitelio se entregó a los placeres de la vida con suntuosos banquetes sin fin, mientras sus soldados cometían toda clase de atropellos en la ciudad. Según Suetonio, el nuevo emperador disfrutaba ordenando ejecuciones y contemplando como se llevaban a cabo. No se libraron de su crueldad quienes le habían reclamado sus muchas deudas. Los astrólogos fueron expulsados y algunos de ellos asesinados antes de abandonar la ciudad. Ni siquiera se libraron sus dos hijos que anteriormente habían tenido alguna disputa con él. Se sospecha incluso, de haber sido el responsable de la muerte de su propia madre. A pesar de todo, hay que señalar, que otros historiadores como Tácito y Dión Casio difieren de la opinión de Suetonio y apuntan a que en su breve reinado Vitelio hizo una gestión de gobierno aceptable. Aun así, parece que Suetonio decía la verdad cuando describe los abusos y despropósitos que llevaron a Roma al caos y al terror.

Mientras tanto, los ejércitos de Mesia, Panonia, Siria y Judea declaran emperador a su general Vespasiano, que se encontraba asediando Jerusalén. Ante el cariz que va tomando la situación, Vespasiano decide dejar al mando a su hijo Tito y marcha sobre Roma. A la rebelión se suman los ejércitos de Dalmacia e Iliria y es entonces cuando Vitelio se ve perdido e intenta abdicar se su cargo, pero los pretorianos no le dejaron hacerlo y le obligaron a seguir en su cargo de emperador. Cuando las tropas de Vespasiano entraron en la capital, Vitelio quiso esconderse, pero no tardaron en capturarlo para llevarlo al foro para ser asesinado. En la masacre participaron soldados y plebe por igual y su cuerpo fue arrojado al Tiber después de arrancárle la cabeza, que fue paseada por las calles de la capital.

Vespasiano, el nuevo emperador no llegaría a Roma hasta finales del año 70. Sus hijos Tito y Domiciano fueron nombrados Césares, con lo cual se daba inicio a una nueva dinastía.



Vespasiano

17 de noviembre de 9 -23 de junio de 79

«¡Pobre de mí, creo que me estoy convirtiendo en dios!»
Suetonio, Vida de los doce emperadores.

Vespasiano participó y destacó en la conquista de Britania en el año 43 bajo el mando del general Aulo Plaucio. En el 63 fue nombrado gobernador de la provincia africana y según el historiador Suetonio, en vez de hacer como los demás, es decir, enriquecerse, se dedicó a algo que le sería más útil en el futuro: hacer amistades. Y debió ser verdad cuando en una de sus campañas militares tuvo dificultades financieras que resolvió liquidando parte de sus propiedades.

Tras volver de África, perdió la amistad de Nerón. Ocurrió cuando fue invitado por el emperador a viajar con él a Grecia. Nerón era gran aficionado a la música y la poesía que componía él mismo y luego cantaba acompañado por su lira. En uno de sus recitales, por lo visto, Vespasiano no prestó demasiada atención a sus recitales, lo cual enfadó al emperador.

La noticia de que Nerón se había suicidado le llegó a Vespasiano mientras hacías los preparativos para el asedio de Jerusalén. Tras la rápida sucesión de Galba y Otón y el caos en que el Imperio quedó sumido, los ejércitos de Egipto y Judea proclaman emperador a su general Vespasiano. Su alianza con el gobernador de Siria Cayo Lucinio Muciano le permitió poder quedarse a controlar el suministro de grano de Egipto mientras éste último marchara al frente de las tropas que derrotarían a Vitelio. De la conquista de Jerusalén se haría cargo su hijo mayor Tito.

Vespasiano fue declarado emperador por el Senado mientras estaba en la provincia de Egipto en diciembre de 69. La administración quedó en manos de Licinio Muciano y su otro hijo, el joven Domiciano. Vespasiano llegaría a Roma a finales del año 70, encontrándose un imperio que necesitaba grandes reformas y casi arruinado económicamente, por lo que, a la subida de impuestos se añadió la política de la austeridad y los recortes. La plebe comenzó entonces a pensar de Vespasiano que era avaro y tacaño tal como lo fue Galba.

Finalmente, la rebelión de Judea fue sofocada por Tito tras caer Jerusalén y el tesoro capturado vino a aliviar las arcas del estado. Esto permitió que en los diez años que reinó Vespasiano acometiera diversas obras, entre las que destaca el gran anfiteatro Flavio, más conocido por Coliseo, comenzado por él y terminado por Tito, quien le sucedería en el trono. Vespasiano falleció a causa de una infección intestinal a los 69 años de edad. Suetonio cuenta que, cuando sintió que la muerte estaba cerca dijo: «¡Pobre de mí, creo que me estoy convirtiendo en dios!»
Poco después fue divinizado por su hijo Tito. 

Vespasiano no fue un mal emperador. Inició la dinastía Flavia y fue padre de otro de los mejores emperadores que tuvo Roma, Tito, que quién sabe lo que podría haber hecho por el imperio de no ser porque solo reinó dos años al morir prematuramente. Pero también fue el padre de otro de los mayores monstruos que gobernaron el imperio: Domiciano, que en principio nadie pensaba que tuviera mínimas posibilidades de ser emperador. Pero para desgracia de Roma, lo fue, ya que a Tito no le dio tiempo a dejar descendencia.

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