01 marzo 2017

marzo 01, 2017
8 de noviembre de 30 - 27 de enero de 98
La carrera política de Nerva es bastante desconocida y tenía escasas posibilidades de llegar a emperador, por lo que, hay quien afirma que éste estuvo implicado en la conjura contra Domiciano. Nerva figuraba en su lista negra; si era descubierto, poco o nada tenía que perder. Dión Casio escribe que antes de llevar a cabo su plan, los conspiradores debatieron el asunto de la sucesión con varios candidatos y que Nerva fue el elegido para sustituir al sanguinario Domiciano. Por lo tanto, si esto es cierto, aunque no tomara parte en la conjura, sí que estaba informado de ella. Nerva tenía ya una edad avanzada y su salud era delicada, sin embargo, en vista del estado en que había quedado el Imperio, sintió la responsabilidad de aceptar el cargo. El nuevo emperador se instaló en la antigua residencia de Vespasiano.

Nada más ser nombrado emperador, Nerva juró públicamente que se ponía fin a las persecuciones de senadores sospechosos de conspiración. A partir de aquel momento, los senadores respiraron aliviados, después del terror que habían sufrido bajo el yugo de Domiciano. Los que se encontraban encarcelados fueron puestos en libertad y los que había en el exilio pudieron volver a Roma; a la vez que cesaron los juicios por traición y se restituyeron las propiedades confiscadas a sus respectivas familias. Y a pesar de todo, Nerva quiso mantener amistad con los senadores que todavía eran partidarios de Domiciano.

Pero Nerva era un desconocido para el pueblo romano, así que inició una serie de medidas y reformas con el fin de obtener su apoyo. Regaló 75 denarios por cabeza y alivió de cargas de impuestos a los más necesitados. También concedió créditos a los campesinos más pobres con el fin de incentivar las producciones agrícolas, y destinó 60 millones de sestercios para la compra de terrenos para los pobres; además de una serie de reformas que iban a tener continuidad en los reinados siguientes. Sin embargo, todo ello supuso una gran carga para el tesoro del estado y había que hacer recortes. Se suprimieron los gastos superfluos como los sacrificios religiosos, los juegos y carreras de caballos; mientras se recaudaba cuanto se podía subastando las propiedades de Domiciano y se obtenía dinero procedente de la fundición de las estatuas de oro y plata del tirano. Y para dar ejemplo, prohibió que se realizaran estatuas de su persona de esos materiales.

A pesar de todo la guardia pretoriana se mantenía fiel a Domiciano y pedía su deificación. Para calmar los ánimos, Nerva hizo que Tito Petronio Segundo, uno de los principales conspiradores contra Domiciano, desapareciera de la vista de los pretorianos, a la vez que les hacía un generoso donativo a éstos. Aun así, los pretorianos exigieron la ejecución de los asesinos de Domiciano. Nerva se negó y esto lo condujo a una grave crisis. Su benevolencia se había convertido en una dificultad para hacer valer su autoridad. Un tal Calpurnio Craso encabezó a principios del 97 una conspiración para asesinarle, pero fracasó, y una vez más Nerva se negó a que aquellos que quisieron matarlo fueran ejecutados. 

La situación llegó a agravarse cuando, viendo el senado que Nerva estaba entrado en años y enfermo, no había un sucesor. Nerva no tenía hijos y estaba considerando en aquellos días la adopción de Marco Cornelio Nigrino, gobernador de Siria. Pero el senado era partidario del general más popular del Imperio, Marco Ulpio Trajano, general de los ejércitos de Germania. Lo peor estaba por llegar, en octubre de aquel mismo año la guardia pretoriana rodea el palacio imperial y toma como rehén a Nerva, que no tuvo más remedio que someterse a sus exigencias. Tito Petronio y Partenio, artífices de la muerte de Domiciano, fueron capturados y ejecutados. Nerva salió ileso de aquella situación, pero su prestigio como emperador quedó muy tocado. Para hacer sostenible la situación, necesitaba el apoyo de un hombre que pudiera restaurar su reputación y por eso vio conveniente decidirse de una vez por adoptar a Trajano como sucesor, al que se le otorgó oficialmente el título de César.

«Así Trajano se convirtió en César. Pues Nerva no estimaba la relación familiar por encima de la seguridad del Estado, ni estaba menos dispuesto a adoptar Trajano, por la condición de este último de español en lugar de italiano o itálico, debido a que ningún extranjero había ostentado jamás la soberanía romana; pero Nerva buscaba un hombre por su capacidad, y no por su nacionalidad.»

A pesar de lo que cuenta Dión Casio, lo cierto es que Nerva no tenía demasiado donde elegir y se decidió por el general más popular del momento, que contaba con el apoyo de la mayoría de senadores, a pesar de no ser italiano. El 1 de enero del 98 Nerva sufrió una embolia cerebral y como consecuencia moría el día 27. Su sucesión se produjo sin incidentes; Nerva fue deificado por el senado y Trajano proclamado emperador y recibido con entusiasmo por el pueblo romano. 

Marco Ulpio Trajano nació el 18 de septiembre del 53 d. C. en Itálica (Santiponce) a escasos kilómetros de Híspalis (Sevilla). Hijo del senador y general Marco Ulpio Trajano y de Marcia. Durante mucho tiempo se ha creído que era descendiente de familia italiana que se habría asentado en la provincia Bética a finales del siglo III a. C. Pero estudios recientes aseguran de forma muy convincente que sus antepasados eran nativos de origen turdetano, es decir, de la desaparecida Tartessos. Trajano el Viejo, es decir, su padre era un Traius que fue adoptado por los Ulpios (una familia bien conocida en la Bética). Por lo tanto, Trajano era andaluz de pura cepa. 

Su padre fue un destacado general que llegó a ser gobernador de Siria y allí fue donde el joven Trajano, con solo veinticuatro años obtuvo el mando de su primera legión. Con el tiempo fue ascendiendo y nombrado cuestor, pretor, legado… Fue tribuno militar destacado en tiempo de Domiciano y legado de la VII Legión Gemina en Hispania, con la que derrotó la revuelta de Antonio Saturnino en el 89. Fue cónsul en el 91 junto a Manio Acilio Glabrión. Nótese que a estas alturas del regreso de la monarquía, todavía existe el senado y la costumbre de nombrar, no uno, sino dos cónsules, a pesar de que el poder absoluto lo obstenta ahora el emperador. En el 96 Trajano se encontraba ya como gobernador en la frontera de Germania Inferior, una de las más problemáticas del imperio, a lo largo del Rin. Para aquellos entonces, Trajano era ya el mejor general de Roma y según se dice, es más que probable que Domiciano lo tuviera en su lista negra. Por suerte para él, Domiciano pasó a mejor vida y ahora era él quien marchaba sobre Roma para ser proclamado emperador.

1. Introducción

2. Domiciano

3. Nerva

4. A orillas del Rin

5. Las guerras dacias I 

6. Las guerra s dacias II

7. Siete años de paz

8. La guerra contra los partos

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