26 agosto 2016

agosto 26, 2016


Hace tres mil años
El profeta Ezequiel menciona en la Biblia el hierro, el plomo y el estaño procedentes de Tharsis. Salomón escribía que sus naves venían de Tharsis cada tres años y traían oro, plata, marfil, monos y pavos reales. También Isaías menciona las naves de Tharsis y son muchos los historiadores que asocian Tharsis con Tartessos, la que es considerada una floreciente, rica y avanzada civilización localizada en la actual Andalucía. 

De Tartessos hablaban ya los historiadores antiguos y la describían hablando de su río, llamado con el mismo nombre, que surcaba sus tierras y llegaba al mar por dos bocas, y entre esas bocas se encontraba su capital. Una capital que trae de cabeza a todos los interesados en el estudio de esta civilización, pues hasta el momento no ha podido ser localizada. Por la descripción anterior, todo indica que pudiera estar situada en el actual parque de Doñana, ya que el río Tartessos (Guadalquivir), en aquellos entonces se dividía en dos brazos en su desembocadura, dejando en su interior una isla, que habría desaparecido y convertido en marismas, debido a dos catástrofes naturales acaecidas, la última de ellas en el siglo II d.C. Esto, unido a que el terreno sea un lugar protegido, impide que la capital de Tartessos se pueda localizar. 

Tartessos se extendía aproximadamente entre las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz. Hay evidencias de que, hace tres mil años, existía un gran lago llamado Ligustino y que en realidad era una bahía, que llegaba hasta Caura (Coria del Río), siendo ésta una ciudad costera y Sevilla se quedaba muy cerca de serlo. Quién sabe si la isla y la capital de Tartessos no se encontraban en el interior de esta desaparecida bahía. Los estudiosos del tema se remontan hasta el siglo IX a. C. para hacer referencia a los antepasados de los tarsesios, aunque no es hasta el siglo VIII a. C. que esta civilización no conoció su esplendor, gracias al comercio y las relaciones con los fenicios procedentes de Tiro que llegaron a establecerse en Gadir (Cádiz). 

No nos ha llegado gran cosa escrita sobre Tartessos. Hay quien no tiene nada claro que la Tharsis que menciona la Biblia sea la Tartessos del sur peninsular. Pero merece la pena repasar estas menciones para que cada cual saque sus conclusiones. Algunos estudiosos del los siglos XVIII y XIX cuentan que Tarsis era un descendiente de Noé que llegó a la Península Ibérica y fundó una ciudad a la que dio su nombre. En I Reyes dice lo siguiente:

«Pues la flota del rey se hacía a la vela, e iba la flota de Hiram una vez cada tres años a Tarsis a traer de allí oro y plata, y colmillos de elefante, y monos, y pavos reales». 

El oro y sobre todo la plata abundaban en Tartessos, no tanto los colmillos de elefante y los monos, pero es de suponer que en un viaje tan largo se aprovecharía para el comercio en más de un lugar, y dado que África quedaba muy a mano, está claro de dónde provenía el marfil y los animales. 

Ezequiel, en su segunda profecía, cuando habla de Tiro afirma:

«Los de Tarsis comerciaban contigo, henchían tus mercados con gran copia de toda suerte de riquezas: de plata, de hierro, de estaño y de plomo. Grecia, Túbal y Mosoc también negociaban contigo, trayendo a tu pueblo esclavos y artefactos de cobre». 

Otra referencia a Tharsis se hace en el libro de Jonás cuando se dice que está huyendo del señor:

«Jonás, empero, tomó el camino de Tarsis, huyendo del Señor; y así que llegó a Jope, halló una nave que se hacía a la vela para Tarsis; pagó su pasaje, y entró en ella con los demás para llegar a Tarsis».

No es fácil probar la relación entre la Tharsis bíblica y Tartessos. Sin embargo, hay especialistas que ven una correlación entre ellas. Están los metales que se mencionan y las probadas relaciones con Tiro y otras ciudades del Mediterráneo, mostrándonos que había un activo comercio entre ellas. Y también se da la coincidencia de que Jonás, que vivió en la primera mitad del siglo VIII a. C. era contemporáneo de aquella civilización.


Las fuentes mitológicas 
Tartessos ha llegado incluso a ser confundida con la Atlántida, el mítico continente del que habla Platón y que lo situaba justo a la desembocadura del rio Tharsis.

“En aquella época, se podía atravesar aquel océano [el Atlántico] dado que había una isla delante de la desembocadura que vosotros, así decís, llamáis Columnas de Hércules. Esta isla era mayor que Libia y Asia juntas y de ella los de entonces podían pasar a las otras islas y de las islas a toda la tierra firme.”

Sobre lo que nos cuenta Platón, no es que haya demasiada relación entre la Atlántida y Tartessos, salvo su situación más allá de la Columnas de Hércules. Claro que, mientras la Atlántida era una gran isla que abarcaba todo el océano Atlántico, y no deja de ser una tierra mitológica, Tartessos se encontraba tierra adentro de la península Ibérica y hay muchos vestigios arqueológicos que demuestran su existencia.

Y ya que hablamos de mitología, algunos poetas griegos, acostumbrados a enviar a sus héroes a lugares exóticos y lejanos, enviaron a los suyos a Tartessos. Tenemos, por ejemplo, al escritor Estesícoro de Himera, que en su obra Geografía, que cuenta la historia del rey Gerión, un gigante de tres cabezas, o según algunas versiones, tres cuerpos unidos por la cintura. Este gigante había nacido junto al río Tartessos, tenía un rebaño de bueyes y un pastor llamado Euritón y un perro de dos cabezas llamado Orto, que cuidaban de él. El décimo, de los doce trabajos de Hércules consistió en robar su ganado. Para conseguirlo tuvo que matar al pastor y al perro. Gerión, al enterarse de lo sucedido, a pesar de que su madre le dijo que no luchara con Hércules, salió a su encuentro. Hércules también acabó con su vida. A Hércules, por cierto, se le atribuye haber separado dos montes para crear así el estrecho de Gibraltar, también conocido como las Columnas de Hércules.

Otro relato mitológico llegado hasta nosotros por Justino, historiador latino del siglo II d. C. cuenta que el rey Gárgoris cometió incesto con su hija, la cual dio a luz un niño. Gárgoris, avergonzado y temeroso de ser castigado quiso acabar con él y lo abandonó en el bosque, pero las bestias lo amamantaron y no murió. Luego lo arrojó a un sendero por donde pasaban manadas de rebaños, pero no lo pisaron y sobrevivió. Lo echó a los cerdos, a los que había dejado varios días sin comer, pero no se comieron al niño. Lo echó a los perros, pero no le mordieron. Finalmente lo arrojó al mar, pero no se ahogó y las olas lo devolvieron a la orilla, donde una cierva lo encontró y lo amamantó. El niño se convirtió en un muchacho y pasados unos años fue capturado y llevado a presencia del rey Gárgoris, que en seguida lo reconoció. Al ver que se había salvado de todos los peligros a los que lo había expuesto, decidió nombrarlo su heredero y lo llamó Habis. Aquel reino que heredó Habis era Tartessos. Se dice que los reyes tartesios contaban este relato como una historia verdadera, donde los protagonistas eran sus antepasados.

Existen, además, otros relatos mitológicos, donde se hace referencia a Tartessos, como la historia de Norax, fundador de la ciudad de Cerdeña, Nora, donde su autor, Pausanias, cuenta que: Sardo fue engendrado por Hércules y Nórax por Mercurio, el uno procedente de Libia, el otro viniendo desde Tartessos, en Hispania. 


Las fuentes históricas 
Pero, aparte de la Biblia y la mitología, ¿qué cuenta la historiografía de las gentes y los reyes de Tartessos? Pues, la verdad, bien poco. Casi todo se lo debemos al historiador del siglo V a. C. Heródoto de Halicarnaso, quien nos da el nombre del único rey tartesio conocido, Argantonio, que además, por lo que parece, fue el último. Vamos a reproducir un extracto de uno de los relatos contados por Heródoto en su obra Historia, donde cuenta la travesía de un comerciante de la ciudad griega de Samos, llamado Colaios:

Como no quisiese amainar, les obligó a pasar más allá de las Columnas de Hércules, y aportar por su buena suerte a Tartessos. Era entonces Tartessos para los griegos un imperio virgen y reciente que acababan de descubrir. Allí negociaron también con sus géneros, que ninguno les igualó jamás en la ganancia del viaje, al menos de aquellos de quienes puedo hablar con fundamento. 

Pero es en esta otra parte del relato donde Heródoto, nos da unos detalles de vital importancia, mientras nos habla del comercio que Focea, otra ciudad griega, mantenía con Tartessos:

"Para decir algo de Focea, conviene saber que los primeros griegos que hicieron largos viajes por mar fueron estos focenses, los cuales descubrieron el mar Adriático, la Tirrenia, la Iberia y Tartessos, no valiéndose de naves redondas, sino sólo de sus «penteconteros» o naves de cincuenta remos. Habiendo llegado a Tartessos, supieron ganarse toda la confianza y amistad del rey de los tartesios, Argantonio, el cual ochenta años había que era señor de Tartessos, y vivió hasta la edad de ciento veinte; y era tanto lo que este príncipe los amaba, que cuando la primera vez desampararon la Jonia, les convidó con sus dominios, instándoles para que escogiesen en ellos la morada que más les acomodase. Pero viendo que no les podía persuadir, y sabiendo de su boca el aumento que cada día tomaba el poder de los medos, tuvo la generosidad de darles dinero para la fortificación de su ciudad, y lo hizo con tal abundancia, que siendo el circuito de las murallas de no pocos estadios, bastó para fabricarlas todas de grandes y labradas piedras." 

En pocas líneas, Herótodo nos cuenta mucho. Desde los tipos de embarcaciones utilizadas hasta la edad del rey Argantonio. No cabe duda de que Tartessos fue un pueblo rico y próspero con una estructura política organizada. Con una gente, según escribía Posidonio, de carácter ampuloso y genio alegre (qué casualidad). Con ellos comerciaron griegos, y sobre todo fenicios, que terminaron asentándose en las costas andaluzas, ya que, también se habla del carácter abierto y amigable de sus reyes. Argantonio, el último y único rey conocido de Tartessos, llegó a invitar a los habitantes de las costas griegas a refugiarse en su reino ante la amenaza de las invasiones persas. No aceptaron y pese a las fortificaciones realizadas gracias a la generosa ayuda tartessa, fueron derrotados. Aquella derrota dejó a Tartessos sin aliados, siendo finalmente víctima de la invasión cartaginesa. Cartago, que se sentía atraída por las riquezas de las minas tartessas, se había convertido en una gran potencia a la que no pudieron hacer frente. Turdetania está considerada heredera de Tartessos, por lo tanto, esta civilización no llegó a desaparecer del todo, y más tarde terminó disolviéndose entre la población romana. Todo esto ocurría alrededor del año 500 a.C.

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